sábado, 9 de abril de 2011

Sobre el silencio y la música

"La armonía oculta es superior a la manifiesta"
Heráclito 

El pensamiento ordinario, atrapado en la doble jaula de los convencionalismos y el apego a las evidencias empíricas, tiene dificultad para captar la verdadera naturaleza del silencio. Por eso tiende a concebirlo negativamente como ausencia de sonidos y palabras.

Sin embargo, el silencio es, ante todo y esencialmente, una sutil presencia.

Por otra parte, así como no capta la esencia del silencio, el pensar ordinario tampoco capta la esencia de la música. Pues, en general, aún cuando se la disfrute y se experimenten emociones al escucharla, se la concibe exclusivamente como un conjunto armónico de sonidos que resulta agradable y/o subjetivamente movilizador. 

Sin embargo, el sonido no es esencial a la música. 

Pues, si bien, debido a nuestra constitución corporal, el sonido es el soporte natural de la música en el mundo terreno, no es, sensu stricto, inherente a la misma.   

Ya que la música, como el silencio, es una experiencia de la conciencia. Por lo tanto, el sonido le sirve de soporte en el plano corporal físico pero no la define.    

Una ilustración de lo que decimos es el hecho de que los músicos, al menos algunos de ellos, puedan componer música en completo silencio, recurriendo a los instrumentos sólo a posteriori a fin de realizar ajustes sobre una obra concebida sin el concurso de sonido alguno. 

Otra ilustración, y una particularmente elocuente debido a su carácter dramático y a su grandeza musical, es el caso Beethoven.  Pues ese gran músico alemán compuso algunas de sus obras más importantes cuando ya había quedado totalmente sordo.

Y a propósito de Beethoven otro gran músico, Ricardo Wagner, dijo lo siguiente:

"¿Un músico sordo?... ¿Puede concebirse un pintor ciego?... No obstante, conocemos un ciego vidente... Tiresias vio cerrarse ante sus ojos mortales el mundo de las apariencias, al tiempo que se descorría el velo de su mirada espiritual para contemplar el principio de toda apariencia... Y semejante a él, era este músico afectado de sordera, que al no sentirse importunado  por los ruidos de la vida, dejó de prestar oídos a otra cosa que no fueran las armonías de su alma {...}"

Esto sugiere que la música es más cercana al intelecto puro que al fenómeno exterior, físico y emocional, con el cual se la identifica habitualmente.

Los sabios de la antigüedad, particularmente Pitágoras y sus discípulos, comprendían la esencia intelectual de la música  y estudiaban sus correspondencias matemáticas, astrológicas y demonológicas. Por lo cual llegaron a dominar su utilización con fines terapéuticos, mágicos y teúrgicos.

Todavía en el renacimiento esa concepción sapiencial de la música estaba viva.  Cornelio Agrippa da indicaciones de ello en numerosos pasajes de su magnífica De Occulta Philosophia.  Y refiriéndose a la correspondencia que la música humana establece con los niveles superiores del ser, decía:

"Sobre esa base los antiguos profetas y patriarcas que conocieron estos grandes misterios armónicos, introdujeron en los oficios divinos los cantos y la música"

Entonces, la música no es ahí un adorno destinado a embellecer los ritos y suscitar emociones, sino un puente efectivo entre el mundo terrenal y las regiones superiores.  

Y otro renacentista, Marsilio Ficino, refiriéndose al origen celeste de la música, decía lo siguiente:    

"{...} estimamos que la consonancia musical nace de la revolución muy rápida y ordenada de los cielos. Y los ocho tonos de los movimientos de los ocho círculos, y que el noveno se produce como acuerdo de todos juntos. Por lo tanto, a los nueve sonidos del cielo lo llamamos las nueve Musas a causa de la armonía musical. Desde el principio nuestro espíritu fue dotado de la razón de esta música, y puesto que su origen es celeste, con razón se dice que esta armonía celeste es innata. Después, ésta se imita con los diversos instrumentos y cantos. Y este don igualmente nos ha sido concedido por el amor de la divina providencia"

Entonces, el canto y los instrumentos imitan la música esencial, la música celeste; la cual se encuentra inscrita en el alma desde su origen. 

Todo esto nos indica que la música realiza, implícitamente y en su propio dominio,  aquello que en las palabras de Heráclito  que utilizamos como epígrafe aparece como  una enseñanza de sabiduría: la armonía oculta es superior a la manifiesta.   


Referencias:
Fuente de las citas: la frase de Heráclito corresponde al aforismo Nro. 54. Tomado del libro de Rodolfo Mondolfo "Heráclito, textos y problemas de interpretación" (editado por siglo XXI). 

Las palabras de Wagner están tomadas de su comentario sobre Beethoven en su escrito "La música y los músicos" (encontramos una vieja edición de Tor, Argentina).  

La afirmación de Agrippa está tomada del capítulo "Composición y armonía del alma humana", Nro. XXVIII de su Filosofía Oculta (editado por Kier, Argentina).  

El párrafo de Ficino fue extraído de su obra "De Amore", capítulo XIII del discurso quinto (editado por Tecnos, Madrid).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustan tus últimas entradas, y tus citas.
Angie

Máximo Lameiro dijo...

Gracias por tus palabras Angie.
Saludos
ml